Una cuestión de puntos de vista – #vidaexpat

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Juan no tiene ganas de levantarse de la cama. Juan está hace varios días sin ganas. Más que días son semanas y quizás hasta meses. Juan está viviendo sin motivación.

Juan recuerda otros tiempos, cuando iba su trabajo feliz, cuando se sentía que podía triunfar en su carrera, cuando parecía que el cielo era el límite.

Lo recuerda y sufre más. ¿Fue todo una mentira? se pregunta. Laura lo ve y sufre. Está preocupada, su pareja no era así. Era una persona motivada, luchadora, llena de logros y muy orgulloso. Ella se pregunta cómo no vio venir todo esto.

Todo empezó con el nuevo jefe. Daba indicaciones y después las cambiaba. Al menos eso le decía Juan. Después las evaluaciones no eran buenas. Le daba a otros tareas que hubieran correspondido a Juan. Él quedaba sin palabras porque no entendía los motivos de aquella persecución ensañada. Y ella, Laura, era testigo de como él se iba desmoronando. Como su autoestima bajaba y bajaba.

Porque claro, la autoestima si bien se forja en la infancia no es algo que queda fijo y ya está. Se sigue nutriendo. Todos necesitamos en mayor o menor medida del feedback del mundo exterior porque nadie vive totalmente encapsulado en sí mismo.

Juan sigue perdiendo su autoestima al punto que se empieza a preguntar si alguna vez podrá encontrar otro trabajo. Y así pasa de estar en una carrera pujante y exitosa a no animarse siquiera a buscar otra opción. Ahora se mira a sí mismo a través de los ojos de este jefe. Es como si se hubiera puesto un par de anteojos, de lentes, que miran el mundo con los ojos de él. Un jefe que lo devalúa cada vez que puede.

Lo de Juan es un ejemplo que te cuento porque quiero mostrarte cómo uno puede enredarse en la mirada de los demás. Cómo eso nos puede influenciar hasta llevarnos a perder nuestra autoestima. Esto que te cuento es real, le pasó a Juan y también a muchísimas personas. Por suerte ahora tiene un nombre (acoso laboral) y cada vez más gente está alerta de esto.

Seguramente te preguntes qué tiene que ver la historia de Juan con la vida expat. Si trabajo como psicóloga de expatriados por qué estamos hablando de esto.

Porque en la vidaexpat esto pasa más de lo que te imaginás. Puede ser en el inicio, en esos primeros meses en que no entendés los productos en el supermercado. Puede ser en las semanas (o meses) siguientes cuando no lográs terminar de entender cómo se manejan las relaciones interpersonales en el nuevo lugar. Puede ser luego de años cuando seguís frustrado en cómo se logra ascender en un trabajo (porque no, no se hace de la misma forma en todos lados y no estoy hablando de ir por izquierda, aclaro).

Hay un sinfín de oportunidades para sentirse inútil, discapacitado, tonto, etc. Y sí, uno es adulto pero hay cosas de adulto que no sabe cómo hacer. Y eso es normal y quizás uno se tiene bastante paciencia al principio. Pero cuando uno se topa con algo de este estilo tres años después de haber llegado uno quiere golpearse la cabeza contra la pared.

Y sí, son cosas que pasan. No te lo voy a negar. Lo que sí te puedo decir es que si notás que te estás mirando con esos “anteojos devaluadores”, donde todo lo que hacés está mal, donde “cómo puede ser que no sepas esto” , entonces recordá que es un posición de observación. Que hay otras. Que quizás hoy no te es fácil moverte 180 grados para mirarte desde la otra punta pero ya con que te deslices unos metros seguro algo distinto vas a encontrar.

Seguro hay alguna cosita, chiquita, pequeña, que no hacés tan mal. Y si no te pasa nada de esto: genial! Pero ojo: fijate si a tu alrededor no hay alguien que necesita que lo ayudes a quitarse esos anteojos para que pueda verse (y sentirse) un poquito mejor.

Y si querés más sobre las discursos, las ideas e ideales que pueden estar atentando contra tu bienestar entonces el curso de ExpatPsi> El Código Expat es lo que estás necesitando!! (lo podés ver acá).

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